Descubre todo sobre la manzanilla, una flor con siglos de historia que alivia, regenera y embellece. Aprende sus propiedades medicinales y cosméticas, cómo prepararla y conservarla, sus mitos, usos antiguos y por qué sigue siendo un tesoro natural.
Si cierro los ojos, todavía puedo olerla, ese aroma suave y dulce que salía de la taza de infusión cuando mi abuela la preparaba. En casa, la manzanilla era la respuesta a casi todo, un dolor de barriga, una noche inquieta o una piel irritada, “tómate una manzanilla”, decía con esa seguridad que solo da la sabiduría de la experiencia.
Años después comprendí que aquella flor amarilla y sencilla era mucho más poderosa de lo que parecía, detrás de su aspecto delicado se esconde un auténtico tesoro natural lleno de beneficios para el cuerpo, la mente y la piel.
Qué es la manzanilla y por qué es tan especial.
La manzanilla es una planta herbácea de la familia de las asteráceas, con pequeñas flores blancas y centro amarillo. Existen dos tipos principales: la manzanilla común o alemana, llamada Matricaria chamomilla, y la manzanilla romana, conocida como Chamaemelum nobile. Ambas tienen propiedades similares, aunque la romana posee un aroma más intenso y ligeramente amargo.
Crece fácilmente en campos soleados, bordes de caminos y jardines. Su sencillez forma parte de su magia, no necesita demasiado para florecer y, tal vez por eso, simboliza la calma, la resistencia y la armonía con la naturaleza.
Su riqueza en aceites esenciales y compuestos activos como el camazuleno, el bisabolol, los flavonoides y los ácidos fenólicos le confieren su acción antiinflamatoria, calmante, antiséptica y digestiva.
Un poco de historia: de Egipto a nuestras abuelas.
La historia de la manzanilla se remonta a miles de años atrás. Los egipcios la consideraban un regalo del dios Ra, el sol, y la usaban para tratar fiebres y como ofrenda sagrada. En Grecia, Hipócrates la recetaba para aliviar dolores y mejorar la digestión. Los romanos la usaban en baños termales y como perfume natural, atraídos por su fragancia floral.
Durante la Edad Media, los monjes la cultivaban en los jardines medicinales de los monasterios, más tarde se convirtió en un remedio esencial en las boticas tradicionales europeas. Las mujeres la empleaban para aclarar el cabello, aliviar cólicos menstruales y preparar ungüentos calmantes para la piel.
En España, la manzanilla siempre ha sido una planta cercana y querida, no hay hogar en el que no se haya preparado alguna vez una infusión para calmar el estómago, o paraayudar a dormir mejor.
Mitos y leyendas de la manzanilla.
La manzanilla está rodeada de leyendas, se decía que era una planta que ayudaba a otras plantas enfermas. Los agricultores medievales creían que, si una planta se marchitaba, bastaba con plantar manzanilla a su lado para que reviviera.
También se asociaba con la protección y la buena suerte. En algunas regiones se esparcían flores de manzanilla por la casa para alejar la negatividad y atraer la paz. En la tradición popular representa la humildad y la fuerza discreta, no presume, pero cura. No brilla demasiado, pero su presencia lo cambia todo.
Propiedades medicinales de la manzanilla.
La manzanilla es una de las plantas medicinales más completas que existen., sus beneficios abarcan desde el sistema digestivo hasta la piel y el sistema nervioso.
Propiedades digestivas.
Es quizá su uso más conocido, alivia la indigestión, los gases, los cólicos y las náuseas. Su acción antiinflamatoria relaja los músculos del estómago y el intestino, facilitando la digestión. Tomar una infusión de manzanilla después de comer, ayuda a prevenir la pesadez y calma el malestar estomacal.
Propiedades calmantes y sedantes.
La manzanilla ayuda a relajar el sistema nervioso. Tomada en infusión antes de dormir, favorece el descanso y reduce la ansiedad leve, también puede calmar los nervios estomacales y aliviar la tensión acumulada.
Propiedades antiinflamatorias y antisépticas.
Gracias al bisabolol y al camazuleno, la manzanilla reduce la inflamación y combate bacterias. Se utiliza para tratar irritaciones cutáneas, picaduras, quemaduras leves o pequeñas heridas.
Propiedades respiratorias.
Las inhalaciones de vapor con manzanilla alivian la congestión nasal, el dolor de garganta y los síntomas de resfriados leves.
Propiedades oculares.
El agua de manzanilla se ha usado tradicionalmente para aliviar la irritación ocular o la conjuntivitis, aunque debe hacerse con precaución y siempre filtrando muy bien la infusión.
Usos cosméticos de la manzanilla.
La manzanilla no sólo te cuida por dentro, también embellece por fuera. Es un ingrediente habitual en productos naturales para el cuidado de la piel y el cabello.
Para el cabello.
Aclara el cabello de forma natural, aportando reflejos dorados y brillo. Un enjuague con infusión concentrada después del lavado suaviza y realza el color, especialmente en cabellos claros. También ayuda a calmar el cuero cabelludo y equilibrar su pH.
Para la piel.
Su efecto calmante y antiinflamatorio la convierte en un aliado perfecto para pieles sensibles o con irritaciones. Puedes usarla en tónicos, cremas, mascarillas o, simplemente, aplicar una compresa empapada en infusión fría sobre la piel.
En cosmética casera.
La infusión o el hidrolato de manzanilla pueden añadirse a champús sólidos, cremas hidratantes, bálsamos o jabones naturales. Su aroma floral convierte cualquier preparación en un momento de bienestar.
Cómo preparar infusión y extractos de manzanilla.
Infusión básica.
Hierve una taza de agua, añade una cucharada de flores secas y deja reposar entre cinco y diez minutos. Cuela y disfruta caliente o fría.
Tónico facial.
Prepara una infusión concentrada, déjala enfriar y guárdala en un frasco de cristal en la nevera, dura unos cinco días. Aplicada con un algodón, refresca, calma y tonifica la piel.
Enjuague capilar aclarador.
Hierve medio litro de agua con tres cucharadas de flores de manzanilla, deja reposar, cuela y aplica sobre el cabello limpio y húmedo. No enjuagues el pelo después.
Formas de conservación.
Las flores secas se conservan mejor en tarros de vidrio herméticos, en un lugar fresco y oscuro. Evita los envases de plástico y la exposición directa a la luz.
Si preparas infusiones o tónicos, guárdalos en la nevera y consúmelos en menos de una semana. Los aceites o extractos pueden durar varios meses si se almacenan correctamente, lejos del calor y la humedad.
Contraindicaciones y precauciones.
Aunque la manzanilla es muy segura, hay algunas consideraciones que conviene tener en cuenta. Evita su consumo si eres alérgica a las plantas de la familia de las asteráceas. No se recomienda abusar de ella durante el embarazo sin consultar con un profesional. Y, si vas a usar infusión directamente en los ojos, asegúrate de filtrarla perfectamente.
En uso externo, prueba primero en una pequeña zona para comprobar tu tolerancia.
Curiosidades sobre la manzanilla.
En algunos países la llaman la planta del sol por su color y energía cálida, los antiguos egipcios la consideraban sagrada y la ofrecían a los dioses. Se dice que plantar manzanilla cerca de otras plantas enfermas las ayuda a recuperarse.
Además, es una de las flores más utilizadas en cosmética natural y aromaterapia.
Preguntas frecuentes.
¿Cuál es la diferencia entre la manzanilla romana y la alemana?
La romana tiene un aroma más intenso y amargo, mientras que la alemana es más suave y floral. Ambas tienen propiedades similares.
¿Se puede tomar todos los días?
Sí, en infusión suave. Lo ideal es alternarla con otras plantas para no saturar el organismo.
¿Aclara el cabello oscuro?
No cambia el color de forma drástica, pero aporta reflejos dorados y un brillo natural.
¿Sirve para los bebés?
Sí, en pequeñas cantidades o para aliviar la piel irritada, aunque siempre es mejor consultar con el pediatra.
¿Puedo cultivar manzanilla en casa?
Sí, crece fácilmente en macetas con buena luz solar y requiere pocos cuidados.
La manzanilla me ha acompañado toda la vida, es una de esas plantas que te hacen sentir cuidada y comprendida. No tiene pretensiones, pero siempre está ahí para calmar un estómago nervioso, una piel sensible o una tarde difícil.
Cada vez que preparo una infusión me viene a la mente la imagen de mi abuela removiendo la taza con calma. Hay algo profundamente humano en ese gesto, algo que conecta generaciones. Usar manzanilla es una manera de volver a lo esencial, de recordar que la naturaleza ya nos ofrece lo que necesitamos, si sabemos escucharla.
la belleza de lo sencillo.
En un mundo lleno de productos con nombres complicados, la manzanilla sigue siendo el ejemplo perfecto de sencillez, es humilde, pero eficaz. Su poder no está en la complejidad, sino en la armonía con lo natural.
A veces ,olvidamos que lo más simple puede ser también lo más poderoso. La manzanilla enseña justo eso, que la suavidad no es debilidad, que cuidar es sanar y que la calma, bien entendida, es una forma de fortaleza.
¿Tú también has usado manzanilla alguna vez? ¿La tomas en infusión, la usas en cosmética o tienes alguna receta familiar? Cuéntamelo en los comentarios, me encantará conocer tus experiencias y seguir aprendiendo juntas de esta flor tan mágica y cercana.
Y, si quieres seguir aprendiendo sobre plantas, te animo a que te pases por la sección de flores y plantas, que creo que te gustará ^^




