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exfoliante labial casero

Como hacer exfoliante labial casero en 2 versiones: normal y cremoso.

Descubre el secreto definitivo para unos labios suaves e irresistibles. Guía completa para hacer exfoliante labial casero con ingredientes naturales y efectivos.

Siempre he pensado que la belleza real tiene mucho que ver con cómo nos sentimos en nuestra propia piel y con el mimo que le ponemos a los pequeños detalles. Los labios son, posiblemente, una de las zonas más delicadas y expuestas de nuestro cuerpo y, sin embargo, muchas veces son los grandes olvidados hasta que empiezan a molestarnos.

En esta entrada vamos a hablar de por qué es vital exfoliarlos, qué ingredientes son los mejores según tu tipo de piel y cómo puedes crear un producto profesional sin salir de casa. Prepárate, porque después de leer esto, no volverás a mirar un bote de azúcar de la misma manera.

¿Por qué exfoliar los labios? Mucho más que un gesto de vanidad.

A veces pensamos que exfoliar es solo para quitar esas pielecitas que quedan feas al maquillarnos, pero la realidad es mucho más profunda. La piel de nuestros labios es extremadamente fina y carece de glándulas sebáceas y sudoríparas. Esto significa que no tienen esa capa protectora natural de grasa que tiene el resto de nuestra cara, lo que los hace vulnerables a todo, al frío de la sierra, al viento del mar, a la calefacción, y hasta a lo que comemos.

Cuando exfoliamos, lo que estamos haciendo es ayudar a que el ciclo de renovación celular ocurra de forma óptima. Al retirar las células muertas de la superficie, permitimos que la piel nueva, más sana y elástica, salga a la luz. Pero lo mejor de todo es que, al masajear la zona, estimulamos la circulación sanguínea. ¿Sabes ese color rosado y ese aspecto con más volumen que se queda después de un buen cuidado? Es pura vida fluyendo.

Además, si eres de las que usa bálsamos labiales constantemente y sientes que no te hacen nada, la respuesta suele estar en la falta de exfoliación. Si tienes una capa de piel muerta sobre los labios, el bálsamo se queda ahí arriba haciendo de barrera, pero no llega a hidratar de verdad. Exfoliar es abrir la puerta para que la hidratación entre hasta la cocina.

El origen de la exfoliación: Sabiduría ancestral para tiempos modernos.

Me encanta investigar de dónde vienen estas prácticas. No creas que esto de los exfoliantes es un invento de las revistas de moda de los años noventa. Ya en el antiguo Egipto, se utilizaban mezclas de miel, aceites y partículas de alabastro o sales para suavizar la piel. Las mujeres romanas también eran expertas en usar sedimentos de vino y aceites esenciales para mantener su piel tersa.

Lo que estamos haciendo hoy es recuperar esa conexión con los elementos naturales, pero con el conocimiento que tenemos ahora sobre qué es lo que mejor funciona. Es fascinante pensar que algo tan sencillo como mezclar un grano con un aceite ha sido el secreto de belleza de reinas y emperatrices durante milenios.

Los ingredientes que van a transformar tu sonrisa: La ciencia de lo natural.

Para que un exfoliante labial sea realmente efectivo, necesita un equilibrio perfecto entre dos elementos: un agente exfoliante (el grano), y un agente emoliente (la grasa que hidrata). Vamos a desglosarlos para que entiendas por qué no vale cualquier cosa.

El agente exfoliante: El corazón de la mezcla.

Aquí es donde solemos usar azúcar, y hay una razón poderosa para ello. El azúcar, además de ser un grano que raspa lo justo sin herir la piel, contiene de forma natural de ácido glicólico. Este es un alfahidroxiácido que ayuda a disolver los enlaces que mantienen las células muertas pegadas a la piel. Es decir, el azúcar hace un trabajo doble: mecánico (por el roce), y químico (por el ácido).

Puedes usar azúcar blanco si quieres una exfoliación estándar, o azúcar moreno si buscas algo más suave, ya que el grano suele ser un poco más redondeado y húmedo. Hay gente que usa café molido, que también es maravilloso porque la cafeína ayuda a tonificar la zona, aunque el sabor puede ser más intenso.

Los aceites y mantecas: La caricia que repara.

Sin un buen aceite, el exfoliante sería demasiado agresivo. El aceite es el que permite que el grano deslice y, a la vez, va reponiendo los lípidos de la piel mientras trabajamos. Mi favorito absoluto para hacer exfoliante labial es el aceite de coco virgen. No solo huele a paraíso, sino que es sólido a temperatura ambiente (lo que da una textura increíble a la pasta), y tiene propiedades antimicrobianas.

Pero no nos quedemos solo ahí. El aceite de almendras dulces es un clásico por su alto contenido en vitamina E, y el aceite de oliva, ese oro líquido que tenemos en España, es uno de los mejores regeneradores que existen.

Si bien el azúcar y el aceite son los pilares, hay un par de aliados que yo siempre tengo a mano porque son los que realmente obran el milagro cuando los labios están en modo emergencia.

La miel: el tesoro líquido de nuestras abuelas.

No puedo concebir un cuidado natural de labios sin la miel. Para mí, es el ingrediente que une todo el concepto. Además de ser un humectante natural alucinante (esto significa que atrae el agua hacia la piel), la miel es un cicatrizante de primera. Si tienes esas pequeñas grietas que a veces incluso duelen, la miel va a trabajar como una tirita invisible regenerando el tejido. En España tenemos la suerte de tener mieles de una calidad increíble, yo suelo usar una de milflores o de romero, que son muy suaves y aportan ese puntito de nutrición extra.

Vitamina E: el guardián de la juventud y de tu exfoliante labial.

Siempre tengo un botecito de vitamina E en mi estante de potingues naturales. Es un antioxidante fantástico que protege la piel del daño de los radicales libres, pero tiene un uso muy práctico en nuestra receta: ayuda a que los aceites no se enrancien tan rápido. Con solo añadir una cápsula o un par de gotas, estamos asegurando que nuestro exfoliante dure mucho más tiempo en perfectas condiciones y que, además, sea un tratamiento antiedad para el contorno de los labios.

La primera receta de exfoliante labial.

Aquí es donde saco mi vena más creativa. He probado muchísimas proporciones y esta es la que, para mi gusto, tiene el equilibrio perfecto entre arrastre y suavidad. No quiero que sea una pasta dura que cueste extenderla, pero tampoco un aceite con cuatro granos de azúcar flotando.

Proporciones para un éxito asegurado

Lo ideal es preparar una cantidad pequeña para que siempre esté fresca. Yo suelo usar esta medida que me dura unas tres o cuatro semanas:

80% azúcar moreno.

18,5 %aceite.

1 % aroma (completamente opcional)

0,5 % vitamina E

El proceso de elaboración del exfoliante labial.

Lo primero es buscar un cuenco pequeño de cristal. Me gusta el cristal porque es limpio y no deja olores. Empiezo poniendo el azúcar y luego añado el aceite. Si el aceite de coco está muy sólido porque es invierno, le doy un toque de calor con las manos o al baño maría, pero solo lo justo para que esté manejable, no líquido del todo.

Remuevo con una cucharita de madera con calma, disfrutando del proceso. Es como un pequeño ritual de autocuidado antes incluso de usar el producto. Finalmente, añado la vitamina E y el aroma. El resultado tiene que ser como una arena mojada, densa y brillante.

Personaliza tu exfoliante labial según tu estado de ánimo.

Una de las ventajas de ser el creador de tus propios productos es que puedes jugar con los sentidos. Dependiendo de cómo me levante, le doy un toque diferente a mi mezcla. Aquí te dejo mis tres variaciones favoritas.

Menta: volumen y frescor

Si tengo un evento o simplemente quiero sentir mis labios con más vida, añado una gota de aceite esencial de menta piperita. La menta provoca un ligero cosquilleo que activa la microcirculación de forma natural. El efecto visual es que los labios se ven un pelín más rellenos y con un color rojizo precioso. Es como un chute de energía matutino.

Dulce de vainilla y coco: el abrazo reconfortante.

Esta es mi mezcla de noche. El aroma de la vainilla es relajante y cálido. Me gusta usar extracto de vainilla natural (el de repostería sirve si es de buena calidad). Es el exfoliante que uso mientras me doy un baño relajante el domingo. Es puro confort para los sentidos y deja un sabor delicioso que invita al descanso.

Naranja: vitamina pura

A veces uso un poco de ralladura de cáscara de naranja orgánica o una gota de aceite esencial de naranja dulce. Los cítricos son alegría pura y ayudan a dar mucha luminosidad a la piel. Es ideal para las mañanas de lunes, cuando necesitas un extra de optimismo para empezar la semana con buen pie.

La Segunda receta. exfoliante labial Cremoso.

Este es más suave y cremoso. Ideal si tienes los labios sensibles, o si quieres usarlo con más frecuencia.

Proporciones para un éxito asegurado

Lo ideal es preparar una cantidad pequeña para que siempre esté fresca.

60% azúcar moreno.

23,5 %aceite.

15 % manteca de karité.

1 % aroma (completamente opcional)

0,5 % vitamina E

El proceso de elaboración del exfoliante labial.

Empieza derritiendo la manteca con el aceite al baño María, hasta que se derrita. Después deja enfriar la mezcla removiendo de vez en cuando. Cuando se enfríe del todo, verás que tiene una textura como de crema.

Es el momento de añadir el azúcar y mezclarlo hasta que se incorpore completamente.

Finalmente, añade la vitamina E y el aroma. El resultado tiene que ser como una crema facial densa y suave.

Cómo usar tu exfoliante labial.

No se trata solo de frotar y ya está. Para que el exfoliante labial cumpla su función y no irritemos la piel, hay que seguir unos pasos sencillos. Primero, asegúrate de que tus labios estén limpios, sin restos de labial ni brillo. Coge una cantidad pequeña del tamaño de un guisante con el dedo anular (que es el que menos presión ejerce).

Realiza movimientos circulares muy suaves por todo el labio superior e inferior. No hace falta apretar, deja que los granos de azúcar hagan su trabajo. Yo suelo dedicarle un minuto a este masaje. Después, deja que la mezcla repose otros dos minutos sobre los labios para que los aceites y la manteca penetren bien. Finalmente, retira con un algodón humedecido en agua tibia o, simplemente, con un poco de agua. La sensación que se queda es de una suavidad que te va a dejar con la boca abierta, literalmente.

Cómo conservar tu exfoliante labial para que dure más tiempo en casa.

Lo primero que tienes que tener claro es que, al ser un producto que hacemos en la cocina y que no lleva conservantes químicos de esos que duran años, la higiene es fundamental. No hace falta que montes un laboratorio, pero sí que tengas un poco de cuidado.

El recipiente adecuado para tu mezcla.

Lo mejor que puedes usar es un tarrito de cristal pequeño. Yo suelo reciclar los botes de mermelada de esos que ponen en los hoteles, o los de algunas cremas que ya se han gastado. El cristal es lo más limpio que hay y no reacciona con los aceites ni con los ácidos del azúcar. Si el bote es de cristal oscuro, mejor, porque así la luz no degrada los aceites, pero si no, cualquier armario del baño te sirve para guardarlo.

Antes de meter el exfoliante, asegúrate de que el bote esté bien limpio y, sobre todo, muy seco. El agua es el peor enemigo de estas mezclas caseras porque es donde aparecen los hongos y las bacterias. Si el bote tiene restos de agua, tu exfoliante se pondrá feo en pocos días.

Cuánto tiempo puedes tenerlo guardado.

Si has usado aceite de coco o de oliva y azúcar, la mezcla te puede durar perfectamente unas tres semanas o, incluso, un mes a temperatura ambiente, siempre que no haga un calor excesivo. Si ves que en tu casa hace mucha temperatura, mételo en la nevera. Se quedará un poco más duro, pero con el calor de los dedos al cogerlo se ablanda enseguida.

Un truco para que dure más es no meter los dedos directamente en el bote. Sé que es lo más cómodo, pero en las manos siempre llevamos bacterias. Usa una palita de madera de esas de los polos, una cucharilla de café o, incluso, el mango de una cuchara limpia para sacar la cantidad que necesites. Así el resto del bote se queda impecable.

Preguntas frecuentes sobre el exfoliante labial casero.

¿Cada cuánto tiempo tengo que exfoliarme los labios?

No te pases. Los labios tienen una piel muy fina y, si te exfolias todos los días, te los vas a dejar en carne viva. Lo normal es hacerlo una vez a la semana, o como mucho dos si notas que tienes muchos pellejitos porque hace mucho frío o mucho viento. Escucha a tu piel, si ves que se te ponen rojos o te escuecen, para. Menos es más en este caso.

¿Se puede comer el exfoliante?

A ver, poder se puede porque lleva azúcar, y aceite, que son comida. De hecho, a veces es difícil no lamerse los labios porque sabe muy bien. Pero ten en cuenta que el objetivo es quitar piel muerta, así que no es lo más recomendable del mundo tragarte eso. Además, si le has puesto algún aceite esencial, aunque sea de menta, no deberías ingerirlo. Úsalo para lo que es y luego aclara bien con agua.

¿Qué hago si tengo los labios con grietas o heridas?

Esto es importante. Si tienes los labios cortados, con sangre o con alguna herida abierta, no te exfolies. El azúcar es un grano que raspa y lo único que vas a conseguir es abrirte más la herida y que te duela. En ese caso, lo mejor es ponerte solo miel o un bálsamo muy hidratante y esperar a que la piel se cierre. Una vez que ya no haya herida, entonces sí puedes exfoliar para quitar los restos de piel seca que hayan quedado.

¿Puedo usar azúcar blanco o tiene que ser moreno?

Puedes usar el que tengas en la despensa. El azúcar blanco suele tener el grano un poco más pequeño y afilado, por lo que raspa un poco más. El azúcar moreno suele ser más grueso y húmedo, lo que lo hace algo más suave. Si tienes los labios muy sensibles, opta por el moreno. Si necesitas una limpieza más a fondo, el blanco va de cine. También puedes mezclarlos y así tienes lo mejor de los dos mundos.

El paso final después de usar tu exfoliante labial.

Mucha gente comete el error de exfoliar y luego dejar los labios tal cual. Error total. Al exfoliar los labios has quitado la capa protectora de células muertas y has dejado la piel nueva expuesta. Si no la hidratas rápido, se te van a secar el doble de rápido.

En cuanto te aclares el exfoliante labial con agua tibia y te seques a toquecitos (sin frotar con la toalla), ponte un buen bálsamo labial. Puede ser uno comprado que te guste, puedes hacerlo tú o, simplemente, una gota de aceite de coco o de oliva. La piel absorberá la hidratación de maravilla en ese momento y notarás que el efecto suave te dura mucho más tiempo.

Aprende a preparar un exfoliante para labios en casa usando azúcar, aceite y miel. Una solución rápida y barata para tener los labios suaves siempre

Tiempo total: 5 minutos

Preparar la base de grano

Pon el azúcar en el cuenco. Elige azúcar blanco para una exfoliación más fuerte o moreno para una más suave.

Añadir el aceite

Vierte el aceite sobre el azúcar. Si usas aceite de coco y está muy duro, puedes ablandarlo un poco con el calor de las manos antes de mezclar.

Mezclar bien

Remueve todo con la cuchara hasta que parezca arena mojada. Si ves que está muy líquido, añade un poco más de azúcar. Si está muy seco, pon unas gotas más de aceite.

Guardar y usar

Pasa la mezcla al tarrito limpio. Para usarlo, coge una cantidad pequeña, masajea los labios un minuto y aclara con agua tibia.

Coste estimado: 1 EUR

Suministro:

  • azúcar moreno
  • aceite (coco, oliva o almendras).
  • manteca de karité
  • vitamina E
  • aroma

Herramientas:

  • Un cuenco pequeño de cristal.
  • Una cuchara de madera o plástico.
  • Un tarrito con tapa para guardar el resultado.

Espero que con todo esto ya no tengas ninguna duda para ponerte manos a la obra. Ya ves que no tiene ninguna ciencia y que los resultados se notan desde el primer minuto. A mí me encanta hacerlo los domingos por la tarde, como parte de mi rato de desconexión para empezar bien la semana.

Me gustaría mucho que me contaras qué tal te ha ido si te animas a probarlo. ¿Qué ingredientes tenías por casa? ¿Te ha gustado más con aceite de coco o con el de oliva de toda la vida? Al final, lo bueno de esto es que cada uno lo adapta a lo que tiene y a lo que le gusta.

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